NUESTRAS VACACIONES
Los días de nuestros respectivos cumpleaños,
1 y 12 de agosto, siempre fueron muy celebrados. Era nuestro mes de vacaciones
y lo vivíamos así, desde que en el 1974 empezamos a alquilar apartamento en la
playa de Puebla de Farnals: Torre Tres. Estoril, (Complejo Europa) Polaris y
Cibeles, que fue el último y en que gozamos más veranos. Nuestros hijos tenían 2,
10 y 12 años respectivamente, cuando comenzamos.
Vuelvo la vista atrás. Hoy 1 de agosto, era
el día que se iniciaban nuestras vacaciones. Llega hasta mí en el recuerdo, el
eco y el sonido de tu voz: “¿Queda algo por bajar nena?” Era el día de viajar
hasta el apartamento elegido y tú estabas cargando el coche con las maletas,
bolsos, viandas, aperos de pesca y bicicletas. Tus hijos Emilio y Vicentin te
ayudaban, mientras Chelo estaba conmigo recogiendo. Era un día de atascos en la
carretera, de viajes, a veces más de uno, de calor y de nervios. Pero eso,
nunca fue obstáculo para celebrar tu cumpleaños, mi amor. Solíamos ir a comer a
“la gran paella” ¿te acuerdas?
Tu meta principal en las vacaciones, era ir a
pescar y lo primero que cargabas en el coche, eran la pala y el neumático, preparado
a conciencia con una tela metálica para tamizar la arena y una botella, que
colgada de tu cuello, sirviera para guardar los gusanos que capturabas, vivos
por un tiempo indefinido.
Otra cosa indispensable eran las bicicletas,
la tuya y las de nuestros hijos que, mientras tú te ibas a pescar, Emilio y Chelo
marchaban con sus primos a pedalear un rato por el paseo. Despues de 5 años,
cambiamos de apartamento y los chicos fueron creciendo, de manera que entonces
alguna tarde los tres utilizabais las bicicletas para hacer excursiones a los
melonares y huertas colindantes, con las explicaciones pertinentes. En este
menester, el que más las disfrutó, fue el pequeño, nuestro hijo Vicentin, al
que le encantaba ir por los senderos y degustar los tomatitos de pera, que le
cogías de algún sembrado. ¡Que buenos papá! solía decir. Esto lo repetiste
muchos años después con los nietos.
Con el paso del tiempo, nuestras vacaciones
fueron cambiando, según cambiaron nuestros hijos y entró el bueno del Padre
Lucio en nuestra familia. Entonces la celebración de tu cumpleaños corría a su
cargo en un restaurante, generalmente con la cena, que nos hacía recobrar las
fuerzas y las ansiadas ganas de vacaciones. Pero habían cambiado las aficiones.
A Emilio le seguía atrayendo la pesca, pero a Vicentin no le gustaba y prefería
ir al gimnasio y tú, padre ejemplar, lo llevabas a Valencia dos o tres veces
por semana, para que no perdiera musculatura, que entonces para él, era algo
muy importante.
Nuestros hijos mayores se casaron con
intervalo de dos años y quedó solo con nosotros, nuestro pequeño Vicentin, que
simultaneó con Lucio muchas vacaciones en la playa y varios viajes a Santander.
Muchas partidas de “mus” en el balcón del apartamento e incluso discusiones,
hasta que en el 1999 se enamoró y marchó definitivamente a Madrid con Carolina
su amor, con un buen trabajo y dejándonos solos.
A partir de entonces nuestras vacaciones se
fueron trasformando poco a poco, en unas vacaciones mucho más tranquilas, en
las que el cansancio ya se iba haciendo presente y en las que tuvimos que
atender a Lucio durante dos veranos más,
hasta que, tambien muy delicado, lo trasladaron a Santander.
Cuando regreso Chelo definitivamente de
Guatemala, disfrutamos unos veranos más de nuestra hija y nietos y los últimos
fueron en el apartamento que adquirieron contiguo al nuestro. Emilio y Mari
Carmen tambien alquilaron en el mismo complejo de Cibeles dos o tres veranos, y
los primos se divertían mucho juntos, durmiendo en las cuatro literas que
habían en nuestro apartamento. Para esto, se quedaba únicamente Emilio Samuel,
porque Lucas era muy pequeño. Los nietos, tambien gozaron mucho contigo y tú
con ellos. Les llevabas a los mismos sitios que fueras años atrás con Vicentin
y marchabas con ellos en bicicleta, formando una larga hilera que yo
contemplaba y despedía desde las ventanas de la escalera. Los tres primos:
Carlos Javier, Lucia y Emilio Samuel (Lucas no llegó a disfrutar estas
excursiones) guardan bonitas y simpáticas anécdotas de estas expediciones y de
las largas partidas jugando al Mono poli, después de comer. Pero todo eso
lamentablemente, tambien se fue acabando.
Cuando el cáncer apareció en nuestras vidas,
aquello necesariamente terminó. El mes de agosto del 2004, tú habías acabado tu
radioterapia del cáncer de próstata, pero yo estaba recibiendo plenamente la
mía del cáncer de mama. Ese año, nuestro apartamento se lo cedimos a Emilio y
Mari Carmen con los nenes y cuando podíamos, íbamos a pasar el día con las dos
familias. Al verano siguiente de 2005, decidimos terminar el alquilar de
nuestro habitual apartamento. Nuestro tiempo de viajes, cansancios, mudanzas y preocupaciones,
había terminado después de treinta veranos, solo interrumpidos por los dos años,
en los que fuimos a Guatemala. Había que aceptar la realidad de la vida, aunque
no nos gustara. Ya no éramos jóvenes, estábamos cansados y tú te acababas de
jubilar en Enero, por lo que el sueldo tambien bajó considerablemente y el
alquiler del apartamento de Cibeles, era bastante caro.
Entonces empezó la realidad de un nuevo
presente para nosotros. Lo aprovechábamos a nuestro aire marchando tempranito a
la playa, cosa que hacíamos siempre y regresando a casa para comer. Tambien
seguiste con tu afición a la pesca, pese a tus sucesivas “porras” a las que se
unieron Emilio nuestro hijo, Samuel y Lucas, ya que les gustaba esa afición,
añadiendo además como aliciente, las cenas nocturna entre las cañas y los
mosquitos de las playas, las menos frecuentadas por los bañistas. Junto a luz
de la luna y las estrellas, las linternas y los paseos entre las rocas
descalzos y sin miedo alguno, pescasteis algunos peces, pero sobre todo, lo que
os encantaban, eran esas aventuras. Las disfrutabais todos, ellos y tú. Yo
feliz.
Nuestra hija Chelo siguió (y sigue)
alquilando el mismo y entrañable apartamento, preñado de recuerdos, mirando y
buscando de soslayo en el balcón de al lado, a quiénes ya no estaban allí. Y
nosotros seguimos acudiendo muchos días y muchas noches, a cenar en la terraza
con ellos y jugar al dominó con los nietos. Pero lo más importante era que
convocábamos a todos para celebrar nuestros cumpleaños. El día 1 de agosto por
la noche íbamos al restaurante “los Pacos” donde acudían Emilio y Mari Carmen
con los niños. Luego el día 12 se repetía con el mío. En este día de mi
cumpleaños procuraban venir siempre Vicen y Carolina de Madrid y generalmente
se hacía extensivo además, a mi querido hermano y familia.
Pero aquello tambien terminó con la salud
bastante quebrantada y lo cambiamos por unas cenas cerca de casa, en “la Orza”,
bajo unos toldos protectores del relente y donde podía acudir mi pobre hermano,
cada vez más deteriorado, con su esposa Conchin. Sin embargo y pese a su
visible deterioro, tú nos dejaste antes mi amor. Fuiste el primero en partir
hacia el cielo.
El verano del 2014, celebramos todos juntos
por última vez tu cumpleaños. ¡78 años de vida plena, de música y de arte, de
sacrificio y de amor! ¡78 años con sus amaneceres y sus atardeceres! ¡78 años
de conciertos, de esperas, de caricias y de besos! ¡78 años que Dios te dio,
para formar una hermosa familia!
¡Gracias mi querido e inolvidable Vicente,
amor mío, esposo amado, maravilloso padre y abuelo! ¡Siempre estarás con
nosotros! ¡Feliz cumpleaños mi amor, hoy y siempre allá arriba, en las
estrellas!
Te amo. 1 agosto 2020
Tuya siempre CHELO