LA MONTAÑA ENCANTADA
En un remoto país de ensueño, vivían tres hermosos príncipes hijos del Sultán de aquel lugar. Zoraya, Ahmed y Ali en estrecha fraternidad dedicados a cultivar y cuidar con esmero hermosos árboles y plantas tropicales que crecían en su frondoso jardín, único en el mundo. Algunas jaulas con exóticos pájaros enclavadas en ciertos lugares, proporcionaban al lugar un canto indescriptible.
Aquella tarde tenían visita. El Sultán de un
país vecino atraído por las maravillas que el pueblo contaba, quiso ver en
persona el famoso jardín de los tres hermanos. Ahmed y Ali envueltos en el humo
de sus pipas de esencias orientales charlaban sin cesar con el sultán vecino.
Zoraya, envuelta en tules y gasas multicolores se afanaba por enviar a los
sirvientes con suculentos manjares, para agasajar a los invitados.
Despues visitaron el jardín durante horas. No
se cansaban de admirar la belleza del mismo, la grandeza de los árboles, el
colorido de sus flores, y el aroma embriagador que emanaba de todo él. Cuando
el séquito se despedía, un joven Emir comentó a los hermanos que tan solo le
faltaba al hermoso jardín las “tres cosas” que se custodiaban en una montaña
encantada, muy lejos de aquel lugar. Curiosos preguntaron que eran aquellas
tres cosas y el Emir les respondió: Son tres cosas únicas en el mundo, el
pájaro que habla, el árbol que canta y el agua de oro, pero es imposible llegar
hasta ellas, hay peligro de muerte. Todo el que lo ha intentado no ha vuelto
jamás.
Los tres hermanos llenos de curiosidad
empezaron a interesarse por esas maravillas y recabaron información por todas
las partes del mundo. Fue tanto el empeño que pusieron que cada vez les urgía
mas tener esas maravillas en su jardín. Pasadas unas semanas y desoyendo los
consejos de su padre el Sultán, decidieron echar a suertes quien iría a
buscarlas. El azar eligió al pequeño Ali y a la mañana siguiente emprendió el
viaje. Al despedirse de su hermana Zoraya le entrego un pequeño puñal de plata.
Si el puñal sangraba, seria señal de que necesitaba ayuda. Cargó con su
zurrón y sin ningún séquito que le acompañara, se despidió de sus hermanos y
salió del palacio.
Las murallas del reino se cerraron tras él y
espoleando su brioso corcel, salió galopando a toda prisa en dirección a las
lejanas montañas, donde buscaría la montaña encantada que guardaba dichos
tesoros. Tres días y tres noches tardó en llegar a las estribaciones de los majestuosos
montes que le cerraban el paso. Bajó del caballo para que descansara un poco y
en una cueva escondida entre los arbustos encontró una anciana que le miraba
fijamente. -“Hola príncipe Ali. Sé a lo que vienes, pero te aconsejo que no lo
hagas. De lo contrario morirás. Mas si quieres conservar la vida, nunca mires
hacia atrás”
El príncipe no hizo comentario alguno y se
adentró por el camino que se abría delante de él, entre una frondosa vegetación
que casi le impedía el paso. El camino subía en una acusada pendiente rodeado
de grandes pedruscos negros. Poco a poco las piedras eran más abundantes y
empezó a escuchar unos murmullos y gritos estridentes que le molestaban. Ali
seguía subiendo la escarpada montaña y los gritos se hacían insoportables. Le aturdían
y le asustaban, pues no veía nadie a su alrededor, pero no quería mirar hacia
atrás. “¡Vuelve maldito! ¡Vas a morir! ¡No sigas adelante!” El pobre Ali no
pudo más y volvió la cabeza para ver de donde provenían esos gritos
amenazantes. En ese mismo momento quedo convertido en piedra negra. Una hermosa
piedra negra que junto a su caballo, formaron parte del grupo que le amenazaba.
En el palacio, los días transcurrían con gran
impaciencia por parte de Zoraya y Ahmed y en el instante en que Ali quedo convertido
en piedra, el puñal que le dejó a su hermana se tiñó de sangre. Los hermanos estaban
horrorizados y fue Ahmed el que decidió salir en su busca, diciéndole a su
hermana que volverían los dos. Al instante equipó su brioso caballo y salió en
dirección a las temidas montañas en busca de Ali.
Galopaba incansable sin perder ni un minuto,
cuando divisó el gran macizo montañoso que le cerraba el paso. Al igual que
hizo Ali, Ahmed bajó del caballo para descubrir el lugar por donde se podía
iniciar la ascensión a la montaña y encontró en la cueva a la misma vieja que
le observaba. -“Hola príncipe Ahmed. Te aconsejo que vuelvas por dónde has
venido. Tu hermano ha muerto y tú, si no me obedeces, correrás la misma suerte.
La forma de no morir, es evitar mirar hacia atrás”
Ahmed no comprendía el porqué de aquella
advertencia pero no hizo comentario alguno y resuelto inició su ascensión.
Comenzaba el atardecer y todo aquel entorno le inquietaba. Dejó su caballo
atado en un árbol y siguió por el sendero que estaba custodiado por enormes
rocas y piedra negras. Poco a poco comenzó a escuchar un griterío amenazador
que cada vez más fuerte le insultaba. “¿Dónde vas insensato?, ¡Vuelve atrás!
¡Morirás ahora mismo! Ahmed, seguía firme en su camino hasta que asustado, sin
poderlo evitar más, volvió la cabeza. Allí mismo se quedó convertido en piedra
negra.
El caballo de Ahmed, cansado de esperar a su
amo, volvió al palacio galopando. Zoraya al verlo gritó estremecida. Comprendió
que su hermano había corrido la misma suerte que Ali. Resuelta y sin consultar
con nadie, esa misma noche salió del palacio en busca de sus hermanos camino de
las montañas.
Zoraya y su caballo llegaron exhaustos. Habían
logrado llegar a su destino en solo dos días, galopando sin descanso. Cuando la
princesa bajo de su corcel, decidió descansar un poco antes de iniciar la
peligrosa ascensión. La vieja de la cueva la llamó: “Hola princesa” “Hola buena
mujer” contesto Zoraya. La vieja siguió hablando: -“Tus hermanos han muerto. No
hace falta que subas tú, o te sucederá lo mismo”. Zoraya pregunto el porqué de
aquella advertencia y la vieja respondió: “Tus hermanos no me preguntaron, ni
me dirigieron la palabra y no obedecieron el consejo que les di. Se
consideraron muy autosuficientes. Sin embargo hay que escuchar y ser más
humildes, porque unos debemos de aprender de otros.” “Mi consejo, princesa, es
que no debes de volver la cabeza nunca hacia atrás, oigas lo que oigas. En la
vida hay que mirar siempre hacia adelante”. Zoraya agradeció el consejo de la
anciana y decidida montó de nuevo en su caballo e inicio la ascensión.
Pronto se empezaron a escuchar las temidas
voces. Zoraya se tapó los oídos con su turbante blanco, así no escuchaba apenas
nada. Resuelta continuo subiendo y subiendo. Las piedras, casi le cerraban el
paso, pero ellas las sorteaba resuelta. El griterío era ensordecedor, pero no
las escuchaba. Zoraya había sido más inteligente tapándose los oídos y
continuaba subiendo. Algo superior le llamaba desde lo alto. No veía a ninguno
de sus hermanos, pero seguía hacia adelante convencida de encontrarles pronto.
Cuando llego a la cima, callaron las voces.
Solo se oía un melodioso canto que procedida del famoso Árbol que canta, allí
estaban los tres tesoros: el árbol, el surtidor del agua de oro y el pájaro
hablador que le dio la bienvenida diciendo: “Bienvenida princesa. Has llegado a
la cima de la montaña. Te estábamos esperando para que salves a todos los
príncipes y nobles que lo han intentado antes que tú, incluidos tus hermanos y
no lo han conseguido”. Zoraya miraba extasiada al exótico pájaro que le hablaba
en esos términos y comprendió lo sucedido. En un cuenco, tomó agua de la dorada
fuente y fue rociando todas las piedras de su alrededor que al instante tomaron
la figura humana que tenían antes. Unos a otros fueron rociándose el agua y
empezó un atronador aplauso y voces, esta vez de alegría y agradecimiento hacia
la princesa que les había salvado de su hechizo. Despues, con sus caballos
fueron descendiendo de la montaña acompañando a la princesa que abrazó
emocionada a sus hermanos cuando los encontró hacia la mitad del camino.
La princesa llevaba el pájaro en su hombro, y también portaba un frasco con el agua de oro. Cogió igualmente una rama del árbol que canta, para plantarlo en su jardín, porque todo aquello se iba a quedar allí. Sin embargo en su palacio todo volvería a su estado actual, realmente esplendoroso. Cuando llegaron al pie de la montaña un pavoroso estruendo se la tragó literalmente tras de ellos, quedando convertida en una más de aquella cordillera, cuajada de magníficos abetos y robles.
La montaña encantada desapareció para
siempre. Todos los que intentaron alguna
vez su ascensión a través de los tiempos estaban a salvo gracias al buen
corazón de la princesa Zoraya. La vieja de la cueva tampoco estaba. Ya pertenecía a un pasado hechizo.
Los tres hermanos montados en sus caballos
volvieron triunfantes al palacio. Traían con ellos los tesoros que fueron a
buscar y sobre todo una hermosa experiencia que habían aprendido para siempre:
EN LA VIDA HAY QUE SER HUMILDES, SABER ESCUCHAR UN BUEN CONSEJO Y MIRAR SIEMPRE
HACIA ADELANTE.
Chelo Mondeja. Diciembre 2024