lunes, 18 de noviembre de 2024

FAMILIA FELIZ

 

EL LOBO BUENO Y LOS CUATRO CERDITOS

 

No hace mucho tiempo que en las estribaciones de la sierra de Guadarrama, entre fresnos y robles y junto al rio Lozoya que origina el nombre del bonito valle, vivía una familia de cerditos. Unos cerditos sonrosados y rollizos que habían escapado de una piara para hacer su propia vida. La familia estaba compuesta por el papá, el señor Cerdo, la mamá, señora Cerda Blanca y los pequeños: Listín, que debía su nombre a que era muy estudioso. Gordin, que se pasaba el día comiendo chuches. Flaquin, que hacía mucho deporte y Parlanchín, que parloteaba y cantaba sin cesar.

En el lugar donde habían decidido establecer su morada habitaban muchos lobos, cuyo manjar preferido eran los cerditos. El papa que era muy mañoso, se encargó de construir una bonita casita que pinto de blanco con un tejado de tejas rojas y brillantes, con las ventanitas de color azul y que rodeo de una cerca llena de bonitas flores multicolores, donde los malvados lobos no pudieran entrar fácilmente. Los riachuelos cercanos de cantarinas aguas, acompañaban a los pajaritos que anidaban en los pinos y árboles vecinos con sus cantos y les daban los buenos días alegremente. Este verano que os cuento, la vida estaba transcurriendo plácidamente.

El papa estaba ausente durante toda la semana y la mama bajaba a comprar al mercado todos los sábados. Por la mañana temprano se vestía y arreglaba pulcramente, cogía su gran capazo y dando infinitas recomendaciones a sus hijos para que no abrieran la puerta a nadie, marchaba confiada a la compra.

Listín, Gordin, Flaquin y Parlanchín eran muy traviesos, y sus nombres les cuadraban perfectamente. Aquella mañana después de despedir a su mama llenándola de besitos, tomaron sus tazones de leche con el desayuno dando buena cuenta de ellos, los dejaron en el fregadero como les recomendó su mama y luego se pusieron a jugar. De pronto unos golpes en la puerta llamaron su atención.

                – ¿Quién es? Preguntaron.

 Fuera se oyó una voz atiplada que decía

               –Soy vuestra mama, abrir la puerta

Los cerditos se miraron confusos y dijeron gritando

               –Nuestra mama no tiene esa voz tan fea.

Fuera no se oía nada y siguieron jugando. Era el lobo. Un astuto lobo, que estaba acechando la marcha de Cerda Blanca al mercado y había conseguido saltar la cerca de flores para llamar a la puerta. Cuando oyó la respuesta de los cerditos y muy contrariado, marcho veloz a un bosque de ruiseñores y les pidió por favor le prestaran un poquito de su melodiosa voz. Los buenos pajaritos se la dieron y el lobo marcho nuevamente a casa de los cerditos. Volvió a llamar diciendo

               –Abrir que soy vuestra mama

Los cerditos se miraron asustados y miraron por el ojo de la cerradura. Dieron un grito de terror porque vieron unos ojos negros que los miraban desde el otro lado.

               –No eres nuestra mama, nuestra mama los tiene los ojos azules y tú los tienes negros como los lobos malos.

El lobo no ceso en su empeño y rápidamente se fue corriendo cogiendo impulso para subir velozmente a la cima de una montaña, la más alta que encontró y allí más cerca del cielo pudo gritar:

                –Señor cielo, pidió, señor cielo ¿Puedes darme un poquito de tu bello color azul para teñir mis                ojos?

El señor cielo un poco asombrado le dijo:

               – Sí que te lo doy, pero si los utilizas para el mal, tus ojos volverán a su color feo y natural.

El lobo asintió y bajo corriendo de nuevo a la morada de los cerditos. Pero esta vez cambio de estrategia. Llamo suavemente diciendo:

               –Hola cerditos. Soy un hada del vecino bosque y me gustaría jugar un ratito con vosotros.

Listín que como su nombre indica era el más listo volvió a mirar por el ojo de la cerradura y dijo:

               –Eres un lobo feo y peludo. Las hadas tienen la piel suave y blanca y un cabello largo y rubio y                añadió entre risas: –“tú eres feo y bizco, señor lobo”.

Y los cerditos empezaron a burlarse. El lobo estaba muy enfadado y quería comerse a los cerditos a como diera lugar. ¿Qué se creían esos mocosos? Él era mucho más listo que ellos. Ahora verán, pensó y salió corriendo. Esta vez se dirigió a un cantarín arroyo que bajaba hasta el rio y poniendo cara de bueno le suplico:

               –Por favor señor arroyo ¿puedes hacer que mi piel se suavice con tus aguas cristalinas y se torne     blanca y lisa como las piedras que tienes en tu lecho?

El río le contestó:

               –Puedes bañarte en mis aguas y sacudirte ese pelaje negro y feo. Tu piel quedara radiante. Pero si   tu cambio de aspecto es para utilizarlo mal, todo volverá a ser como estabas antes.

El lobo atolondradamente acepto y se dirigió velozmente a un campo de maíz. Le grito a las cañas:

               –Señoras cañas por favor, podéis darme vuestra flexibilidad y una cabellera rubia y larga. La necesito urgentemente.

Las cañas tambien le contestaron:

               –Camina un rato entre nosotras y piensa para qué vas a utilizar ese cambio de aspecto. Si es para hacer cosas malas, todo volverá a su estado natural.

El incansable lobo se miró reflejado en el agua y sonrió triunfalmente. Se dijo:

               –Ahora sí que parezco un hada de verdad. Esos cerditos estúpidos van a caer entre mis dientes. Yo soy mucho más listo que ellos. Ja ja ja.

Cuando estuvo delante de la puerta de la casa de los cerditos sus pisadas eran suaves y su aspecto era hermoso. Tocó de nuevo en la puerta diciendo con voz cálida:

               –Hola cerditos. Soy un hada de camino hacia mi casa y estoy cansada.  Me gustaría estar un ratito     con vosotros y descansar ¿Podéis abrir la puerta?

Los cuatro hermanitos volvieron a mirar uno por uno, por el ojo de la cerradura y se decían entre ellos:

               –Es verdad, es una hermosa hada ¿le abrimos?  Dijo Parlanchín.

               –No no, espera, argumento Listín. Mamá no quiere que abramos la puerta a nadie. La verdad es           que parece un hada. Pero ¿será de verdad un hada, o será que  nos está engañando?

Los cuatro hermanitos, volvieron a mirar por el ojo de la cerradura y advirtieron una sonrisa malvada y triunfal en la cara del hada. Entonces dijeron a coro:

               –Tu apariencia es de hada, pero ¿sabemos si tienes el corazón de malvado lobo?

El lobo se quedó callado, pero todavía no se rindió y salió de allí buscando alguna forma para ganarse un buen corazón. Tenía que comerse a esos cerditos antes de que regresara su mama de la compra.

Caminando sin saber dónde ir, encontró un perrito que acompañaba a un pastor ciego. En otro momento se habría comido al perro y al pastor, pero en esta ocasión se dirigió al perrillo y le dijo:

               –Hermano perro. ¿Podrías darme unos latidos de tu buen corazón?

El perrito se le quedo mirando con sus bondadosos ojos y le dijo:

               –Claro que sí. Pero si los mezclas con malos deseos, se morirán. Por el contrario, tienes que                hacerlos crecer con tus buenas acciones.

Y el perrito le dio a manos llenas, unos cuantos latidos de su buen corazón y siguió acompañando a su amo fielmente por el sendero. El lobo les vio desaparecer entre los pinos. Estaba un poco confuso.

El lobo, convertido en hada, se quedó pensativo sentado en unas piedras. De repente se le habían quitado las ganas de ir a ninguna parte y mucho menos de comerse a los pobres cerditos.

La luz de la tarde caía sobre las montañas y su cabellera brillaba al sol. Miro su imagen que se reflejaba en el rio. Nadie diría que antes había sido lobo. Se había convertido en una maravillosa hada cuyos deseos eran solo hacer el bien.

Sin saber ciertamente a donde ir, sus pasos le llevaron a la casita de los cerditos. La mamá Cerda Blanca acababa de llegar con el capazo bien cargado de comida y golosinas para sus hijitos. Todos en la casa reían muy contentos y mirando por la ventana, le vieron llegar. La mama Cerda Blanca le invito a pasar adentro de la casa y los cerditos le rodearon curiosos. Lógicamente no reconocían en ella al lobo de antes. Los parlanchines cerditos contaron a su mama  todo lo sucedido:

               –Mamá, mamá un lobo malo nos quiso engañar y quería entrar en casa para devorarnos. Pero no          le abrimos y al final se fue. Menos mal. Esperemos que no vuelva por aquí.

El “Lobo bueno” de este cuento estaba muy contento. Se sentía muy bien con su cambio de actitud y de aspecto y no pensaba cambiarla. Había utilizado su malvado corazón y su perseverancia para hacer el mal, sin embargo después de los bondadosos latidos del corazón del perrito, esa misma perseverancia le serviría ahora para hacer el bien. Se había hecho bueno y sería una bella y bondadosa hada para siempre.

Se despidió de la familia de los cerditos prometiendo volver a verles y se dirigió a las montañas vecinas entre robles y abedules, rodeados de cantarinas fuentes donde sabía que había un “asentamiento de hadas” y allí encontró su lugar. Ayudaba a los animalitos heridos y a los caminantes que se perdían entre los bosques. Se dio cuenta de lo necesario que es a veces en la vida, un cambio de actitud a tiempo.

Los cerditos crecieron felices. Sabían que tenían una buena amiga entre las hadas del frondoso bosque vecino. Ellos siguieron viviendo en su bonita casita con sus papas donde tenían su hogar feliz y se felicitaron por haber sido obedientes a su mama. Si hubieran abierto la puerta, se los habría comido el lobo.

 

Recordando a mi madre y dedicado a mis tres bisnietos Carlitos, Gaia y Samuelin. (Y los que puedan llegar)

Con todo cariño vuestra bisabuela Chelo Mondeja. Agosto 2024 

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