miércoles, 13 de noviembre de 2024

LA NAVIDAD



LA  ESTRELLA  DE  LA  NAVIDAD

Hace millones y millones de años que existe nuestro mundo. El mundo creado por Dios, según nos relata el libro del Génesis, el primero de la Biblia, que no es histórico pero no por ello menos real. No cabe duda de que la vida, en algún momento dado de la historia, empezó su proceso con la evolución de la materia que poco a poco daría paso el mundo tal como lo conocemos hoy. Cuando Dios creo la luz, creo tambien los astros, que se distribuyeron por el firmamento.

Dejando volar la ilusión y la fantasía, imagino a las numerosas  estrellas que Dios había hecho, mirándose de reojo las  unas a otras para ver donde las colocaba el Señor. Todas querían los primeros puestos, donde poder lucir su fulgurante luminosidad y que fuera efectivamente visible y hermosa desde todos los ámbitos celestiales. Las había de todos los tamaños, desde las grandes y azules, hasta las enanas y rojas, pero todas bellas e insustituibles en los sitios que empezó a asignarles el Creador.

Comenzó enviándolas a distancias enormes por las grandes extensiones siderales del universo. A las constelaciones de Aries y Tauro, Géminis, Cáncer, Leo y Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Las envió eligiendo sus colores y tamaños. Despues creó la Vía Láctea con millones de estrellas pequeñitas para que destacaran entre ellas las constelaciones diversas de Centauro, Casiopea, Andrómeda y muchas más. Puso una especial y muy hermosa en la constelación de la Osa Mayor, para que señalara siempre al norte del planeta Tierra y la llamó estrella Polar. Blanca y luminosa marcando siempre el camino. Se entretuvo enviando a Osiris, grande y azul dentro de la constelación de Pergeo. De ahí las Perseidas, las que cada año reciben el aluvión de los asteroides, formando la espectacular lluvia de estrellas. Pero reservó una muy especial, de una luz dorada, brillante e intensa. No muy grande pero muy ágil y veloz. Tenía  pensada para esta estrellita una misión muy importante. Quedó en reserva hasta que pasados miles de años, llegado el tiempo en que la necesitaba Dios, la sacó de donde dormía y le dio sabias instrucciones. Nada menos que tenía que guiar a unos Magos de Oriente hasta la ciudad de Belén. Tenía la extraordinaria y responsable tarea de anunciarles el nacimiento del Salvador del mundo: Jesus, el hijo de Dios. La estrellita se puso contentísima y miró con orgullo a sus hermanas que la miraban con cierta envidia. Se atusó debidamente el brillo dorado que tenía y del que le nació una cola espectacular para darle más velocidad por el cielo. Se despidió de Dios, su creador y marchó a toda velocidad a cumplir su maravilloso encargo.

Cruzó el mundo de este a oeste y se hizo visible ante los Magos que de alguna forma la aguardaban. Inmediatamente se pusieron en camino y la siguieron por las nieves y las estepas, por los desiertos y los valles y por el mar, cruzando el gran rio Nilo, hasta que llegaron a un pueblecito chiquito y humilde donde se oían unos cantos de ángeles que decían “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” y muchos pastores y lugareños andaban con sus rebaños camino  de un portal con un establo donde había nacido un niño, el Niño Dios. La estrellita sabía dónde era. El Señor le había dado las coordenadas exactas y sabias instrucciones y ya habían llegado. Orgullosa se paró encima del pesebre y proyectó su luz y calor hacia la familia de Nazaret. María, José y el Niño descansaban al calor de los animales del establo. María había envuelto al niño en los pobres pañales que tenía y José los miraba tiernamente, agradeciendo los presentes que los pastores les llevaban: leche, miel y ropa para el recién nacido, pues hacía mucho frío.

Cuando los Magos vieron todo aquello quedaron embargados de una gran ternura y se postraron ante el Niño Dios con un gran respeto. Lo adoraron silenciosamente y le entregaron el Oro, Incienso y Mirra que llevaban  con el siguiente significado: Oro como rey. Incienso como Dios y Mirra como hombre. Despues se volvieron a su tierra por otro camino dejando a la estrellita en el portal que continuaba su misión de alumbrar a todos los hombres de la tierra, para enseñarles con su luz el camino donde estaba Jesus y como encontrarlo. Desde entonces la estrellita se llamó: Estrella de la Navidad y en un lugar del cielo muy visible destaca con toda su belleza en las noches frías del mes de diciembre. Si pones atención hasta la puedes oír reír y cantar agradecida sus alabanzas al Creador, que le guardo tan importante misión desde la creación del mundo. La Estrella de la Navidad te acompañara siempre.

Dedicado a mi nieta Lucia que abre las puertas a la Navidad. Diciembre 2017

 

 A ESTRELLA DE LA NAVIDAD

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