jueves, 31 de julio de 2025

HOY, NO SE HACEN LAS MALETAS 1 AGOSTO 2015

 

HOY, NO SE HACEN LAS MALETAS   -   1 AGOSTO 2015

 

Amanece, estamos juntos los dos en nuestra cama. Nos abrazamos y nos damos los “buenos días” como de costumbre, pero hoy además te digo. “¡Felicidades, mi amor! ¡Es tu cumpleaños!” “está nublado y con amenaza de lluvia” continuo diciéndote. Generalmente en agosto suele suceder. Nos reímos divertidos, casi siempre es así cuando “empiezan las vacaciones”. Mi hermano tambien se ríe comentando: “mi hermana se va de vacaciones” (me parece que le oigo). Pero como sucede siempre, estamos seguros que mañana saldrá un sol radiante que nos acompañara todo el mes de agosto en nuestra playa de Puebla de Farnals. Ahora, hemos de prepararlo todo y ponernos en marcha. Hemos de “hacer las maletas”. En realidad están hechas y esperando en el comedor a que se bajen al coche. Para ello, lo primero es poner la “baca” comprada adrede para estos traslados vacacionales. Es un día de hacer dos o tres viajes cargados hasta los topes, un día de nervios y de sudor, pero la meta es prometedora, ansiada y esperada por todos, durante un largo año.

En tu trabajo y quehacer diario en la Banda Municipal, tenías las vacaciones siempre en agosto, precedidas de un mes de julio repleto de mucho trabajo y actos musicales. El Certamen de Bandas de Música Internacional de Valencia era y es, el protagonista del mes y lo llenaba todo, tanto a nivel local, provincial, peninsular y europeo. Y por supuesto, tambien en la familia.

El Certamen Internacional de Bandas de música de Valencia se remonta al año 1886. Este año se conmemora el Certamen número 127 y mi padre ya hablaba del mismo. Las bandas inscritas en él, se reparten en cinco categorías, según el número de músicos que la compongan y su categoría musical. Durante el mes anterior, las bandas participantes tienen que trabajar de firme con sus ensayos respectivos. Todas tienen que presentar dos obras: una obligada para todas igual, según categorías y otra de libre elección, además del pasodoble para desfilar en la entrada. Al fin y al cabo, es un concurso y gana la mejor, con un premio cualitativo y metálico muy interesante, que da categoría y prestigio a la banda que lo gana. Es por eso, muy competitivo.

Quiero comentar que últimamente muchas bandas y sobre todo las extranjeras, participan con obras completamente nuevas y desconocidas, cuyo mérito aparente es el número excesivo de músicos, aportando nuevos instrumentos, sin apenas melodía y que suelen ser muy ruidosas y estridentes. Compositores nuevos, que verdaderamente muy pocos conocen y que son muy difíciles de calificar, porque no hay antecedentes. A nosotros y al público en general, nos gustan las obras de compositores clásicos y famosos, conocidos mundialmente, cuya ejecución más o menos delicada, es más fácil de poder evaluar comparando unas con otras, y por supuesto indispensable para otorgar los premios. La buena música clásica de nuestros compositores universales, debe de prevalecer. Es parte de la cultura e historia universal.

Los ensayos de la Municipal eran diarios, para dejar el pabellón de la merecida fama de la Banda Municipal de Valencia, por todo lo alto, aunque no entraba en concurso. El Certamen se celebraba y celebra, durante la segunda semana del mes de julio. Cada día y desde las cuatro de la tarde, en la plaza de toros de Valencia, comenzaban las audiciones de las bandas de menos categoría, hasta completar progresivamente en categoría y número, todas las inscritas. Al final, como broche de oro y cerrando el acto, tocaba siempre la Banda Municipal, interpretando algo nuevo y espectacular de su repertorio, incluso algún estreno, demostrando y manteniendo su magistral categoría.

Además, y gracias a Dios, te solían llamar como refuerzo de muchas Bandas que necesitaban más número de músicos para poder concursar, o reforzar la cuerda de trompas. Según los años, había de todo: Alcacer, Moncada, Benaguacil, y tambien las de la Sección Especial, como las dos de Liria (La Primitiva y La Unión) o las dos de Buñol (La Artística y La Armónica) sin olvidar a la de Santa Cecilia de Cullera o la Sociedad Musical de Alcira, que, como hijo del pueblo, solías participar todos los años. Eso nos reportaba beneficios económicos extras a los que nunca decías que no.  A la mayoría de tus compañeros les ocurría lo mismo.

Durante la semana que duraba el Certamen, ibas a la plaza de toros casi todas las noches para colaborar con la que te había contratado, la que tocara esa noche y generalmente tenías el tiempo justo para terminar con una, bajar del entarimado mientras aplaudían, e inmediatamente iniciar el desfile con la siguiente para volverlo a subir, casi sin parar. Unos años más y otros menos, pero siempre te llamaban de refuerzo para dos o tres bandas, más la de tu pueblo Alcira, que era de la sección especial. Esa noche, la última, generalmente tocabas con dos o tres y luego con la Municipal. Y lo mejor era que las bandas pagaban religiosamente al terminar la noche. Era una delicia y regresabas a casa muy satisfecho. Esos trabajos extras, aunque te cansaban, los hacías muy a gusto, aunque generalmente terminabas con el labio “hecho cisco” y con la boquilla marcada en el labio superior. ¡Parece que te estoy viendo!

El último día, tocaban solo las de Sección Especial, allí iban las “grandes” y cerraba el acto la nuestra: la Banda Municipal. Era el último desfile de la noche con el pasodoble elegido ¡que maravilloso era aquello! Cruzabais el albero de la plaza de toros, a los sones de la música, con los instrumentos brillantes por las luces y el uniforme impecable, tan guapos y marciales todos. ¡Cuantos pasos no habrás dado por su arena dorada, en las noches certameneras! La plaza entera estaba en vilo. Cada actuación era una locura de aplausos y gritos, vitoreando cada sector de gente “a su banda”. Cuando llegaba la Municipal todos callaban expectantes y respetuosos y como no concursaba, que era solo exhibición y deleite para los oídos, podían escucharla todos sin fanatismos. Sin duda “era la mejor” pero ese título había que mantenerlo.

Nunca olvidaríamos esas noches, ni tú, ni yo. Éramos jóvenes y era nuestra vida. Con los niños pequeños pude asistir pocas veces. Despues, a medida que fueron creciendo y marchando, fui a verte todos los años antes de tu jubilación. En mi retina te tengo presente a ti y a “nuestra” banda, en esos desfiles de las noches cálidas valencianas, donde las estrellas tambien se asomaban curiosas a veros, porque no las dejabais dormir.

El Certamen concluía en otra noche mágica, con la Entrega de Premios en los Viveros Municipales, rodeados de vegetación, focos y palometas que acudían en tropel a las luces. Allí se entregaban los premios por secciones y tambien cerraba el acto con todos los honores la Banda Municipal. Los niños (mientras fueron niños) y yo, no nos perdimos ni un solo año tan brillante acontecimiento. Nos gustaba acompañar y ver al papa tocando su trompa.

Años después, dejo de hacerse en los Viveros y se empezó a celebrar en el Palau de la Música, donde continúa. Yo creo que le restó encanto y tradición. Pero la presidenta del mismo, Mairena Beneito quiso otorgarle ese empaque al recién inaugurado Palau de la Música. Poco tiempo después, todo el Certamen se trasladó al Palau de la Música. El Certamen de Bandas Internacional de la ciudad de Valencia, sigue siendo un atractivo musical mundial, al que en la actualidad concursan bandas de todas las partes del mundo que quieran hacerlo.

Hasta llegar al día del Certamen, lógicamente tenían que hacerse muchos ensayos, tanto la Municipal en su academia, como las otras participantes, que solían ensayar en la plaza del pueblo cara al público. Dichos ensayos empezaban en junio. Muchas veces te hemos acompañado los niños y yo, con los bocadillos de la cena. No había costumbre ni dinero para cenar en un restaurante. Cenábamos “a la fresca” (a veces demasiada) y esperábamos, escuchando los ensayos, hasta que “el maestro” dijera bastante. Entonces, las dos o las tres de la mañana, volvíamos a casa. Los niños se dormían, pero yo estaba más tranquila acompañándote y no en casa, esperando ansiosa  tu vuelta, que por otra parte, era lo habitual.

En la quincena restante del mes de julio, una vez terminado el Certamen, seguía el trabajo con fiestas y procesiones en los pueblecitos colindantes de la región valenciana, a las que tambien te pudimos acompañar durante unos años. Pero el tiempo pasó y cuando nos quedamos solos tu y yo, observaba que cada vez te era más trabajoso el dejarme sola en casa a las seis de la tarde, para marchar al pueblecito en cuestión. Te daba más pereza enfundarte en el uniforme con el calor consabido y marchar. Lógicamente me iba contigo. ¿Qué otra cosa tenía que hacer? Para mí era un orgullo el verte sentado alumbrado por las luces, arriba de un tablado, más o menos confortable y escuchar la música oyendo los comentarios. Tambien me gustaba encontrarme con las esposas de tus compañeros, que hacían lo mismo y os aplaudíamos a rabiar. Al finalizar contábamos el Himno Regional y empezaba un castillo de fuegos artificiales.

Durante el mes de julio, se celebraba y se celebra en Valencia la “Feria de Julio” que acogía el Certamen, y otras actuaciones musicales de grupos modernos, bailes, atracciones, corridas de toros, castillos nocturnos, finalizando el mes, con la tradicional Batalla de Flores el día 31, con un hermoso y apoteósico punto final. La Batalla de Flores de Valencia, fue creada en el año 1891 por el Barón de Cortés, a semejanza del popular festejo del mismo nombre que se celebraba en verano en la ciudad de Niza (Francia). Valencia fue la segunda ciudad del mundo y la primera de España que celebró dicho festejo, con la diferencia que únicamente en Valencia se realiza con flores (Valencia jardín de flores). En otros lugares tiran confetis y serpentinas.

Fue organizada por la Junta Central Fallera que decidió celebrarla en el paseo de la Alameda. En ella desfilaban las señoritas elegidas previamente para Fallera Mayor y su Corte de Honor del año entrante y que lucían su palmito en las hermosas carrozas (verdaderos monumentos, tapizados de flores) que representaban flores, frutos, bellos animales, el mar, etc. Empezaba el desfile con un grupo de “tabalet y dulzaina” y a continuación las “grupas valencianas”: parejas de valencianos portadores de naranjos y flores, sentados en los caballos enjaezados para el fin. Una estampa preciosa y típica que reprodujo el pintor Sorolla en muchos cuadros. Despues se añadían los sectores falleros que quisieran participar y después de pasar por delante del soberbio Pabellón Municipal que otorgaba los premios, se iniciaba la “batalla” con el disparo de una carcasa y empezaba la “guerra” de sus flores a modo de proyectil, entre las propias carrozas, unas contra otras en una espectacular combinación de pericia, aromas y alegría. Despues del recorrido, el disparo de otra carcasa ponía el punto final. La Alameda quedaba alfombrada de lo hermosos clavelones amarillos y naranjas que hacían las delicias de niños y mayores. En la Batalla de Flores, no tenía que tocar la Banda Municipal, por lo que pudimos ir a verla algunos años con nuestros niños, mientras fueron pequeños. Despues ya se aburrían.

A partir de ese momento “estabas de vacaciones” y comenzaba nuestra época de playa. En el principio, con Marichelo y José Emilio, nuestros dos hijos pequeños, íbamos a la Malvarrosa mediante el transporte del tren eléctrico tan entrañable, o en tu moto Vespa, a la que añadiste un sidecar. Luego, nació Vicentin nuestro pequeño, ya éramos cinco y con el primer cochecito que tuvimos, un Nissan Sunny, nos íbamos a las playas del Saler o las de Nazaret, hasta que en el verano de 1974 alquilamos nuestro primer apartamento en la playa de Puebla de Farnals, junto con mi madre y mi hermano. Pero esto fue, solo un verano.

(Mi relato contiene principalmente los recuerdos de las vacaciones en los apartamentos, a los que hemos ido durante más de 40 veranos, siendo CIBELES el último, donde continua Chelo).

Durante el mes de julio, habíamos ido preparando poco a poco el equipaje. Al principio grande, aparatoso, numerosísimo en pertrechos playeros y de pesca: Una pala para coger gusanos, neumático para tamizar la arena, tellinero, un montón de cañas de todas clases, salabre para recoger “las posibles capturas” y la cajita con los corchos, anzuelos y demás. Intendencia por si había un “cataclismo”: sacos de patatas, aceite, cajas de leche y todo lo que se pudiera llevar. “En el coche, no pesa” decías a menudo y además allí, había pocas  tiendas. Si teníamos periquito, la jaula y si teníamos gato, su cajón. Lo que no llevamos nunca, fue televisión. Afortunadamente siempre tuvimos coches con maletero grande, porque tú los preferías.  Tambien compraste una “baca” para poder llevar además, las bicicletas.  Nuestro hijo Emilio y tú, hacías dos viajes previos. Vicentin y Chelo quedaban en casa conmigo preparando bolsos y maletas. Despues tambien os acompañó Vicentin y sobre todo cuando los mayores se fueron y se quedó solo con nosotros, aunque para entonces empezamos a simplificar mucho más el equipaje. Chelo fue la primera en dejar el hogar, después la siguió Emilio y diez años después tambien lo hizo Vicentin. Es ley de vida, me decías tú para consolarme. Llegué a echar de menos, los primeros viajes con los niños pequeños, cuando empezamos nuestras vacaciones.

A pesar de todo, nosotros seguimos alquilando el apartamento año tras año mientras pudimos hacerlo, pues nuestros hijos venían cuando el tiempo y el trabajo se lo permitían y eso nos agradaba mucho. Chelo a su regreso de Guatemala y añorando su mar, empezó a alquilar uno para la familia que había formado, coincidiendo en el mismo mes y a ser posible, contiguo.

Siempre, siempre y pese a todo el matalotaje del traslado, tu cumpleaños fue para nosotros un día especial: “El cumpleaños del papá”. En el principio, comíamos en casa, solos los cuatro, luego los cinco con los regalitos, tarjetita y velitas. Era entrañable. Despues ya vendría otra celebración, siempre con mis hermanos, haciéndola coincidir con el día 12, que era el mío. Años después, Lucio apareció en nuestras vidas y nos invitó a comer a los cuatro (Chelo ya no estaba) en “La Gran paella”, un par de ocasiones. Para nosotros, comer en un restaurante era algo prohibido y nos gustó. La vida empezó a cambian y nosotros evolucionamos con ella.

Más adelante la comida se cambió por una cena. El mismo día primero de agosto y una vez hecho el traslado al apartamento, vaciado y bien aparcado el coche, Íbamos al restaurante “Pacos”. Mari Chelo se había casado y no nos acompañaba. Pero Vicen, Emilio y Mari Carmen, (al principio sin hijos) y Lucio, estaban siempre con nosotros. Esto lo hemos mantenido hasta el año que el restaurante en cuestión, cerró sus puertas. Todavía lo pudimos celebrar allí, un par de veces, al regreso de nuestra hija, con todos nuestros hijos y nietos.

Cuando te jubilaste, hace diez años, dejamos de alquilar apartamento. No teníamos la salud, ni la vitalidad, ni el empuje, ni las ganas, de semejante ajetreo y trastorno. Aunque estuvimos dos o tres años coincidiendo con Mari Chelo, uno al lado del otro, nos cansábamos y la jubilación tambien nos obligó un poco, al bajar nuestra economía. Por otra parte, como estaba nuestra hija, solíamos ir a menudo a pasar el día con ellos o a cenar. No hemos dejamos de bañarnos en nuestro mar ni un solo verano, ni tú de tirarte de cabeza a la piscina, siendo la admiración de todos a tu edad. Nuestros nietos disfrutaban contigo y algún domingo se sumaron tambien Emilio Samuel y Lucas con sus papas, que venían a pasar el día con nosotros.

Por lo tanto, tu cumpleaños lo seguimos celebrando siempre el mismo día 1 de agosto. Ya fuera aquí, antes de marcharse ellos, o allí en Pacos, o en el chino, convocando siempre a Emilio, Mari Carmen y nuestros nietos. Últimamente cambiamos de nuevo y decidimos celebrarlo en Valencia, para que pudieran acudir mi hermano y Conchin con los sobrinos.

El año pasado, mi amor, fue el último que pudimos celebrarlo todos juntos contigo. Estabas en un “impás” de la enfermedad. Despues de la quimio te mejoraste un poco y esto coincidió con el verano. Además vinieron Vicen y Carolina, que últimamente no estaban en tu fecha. Esta vez los que faltaron fueron Chelo y familia por enfermedad de Carlos Javier, que había contraído la “monuncleosis”. Chelo y Carlos vinieron por la tarde a felicitarte ellos solos, sintiendo no poder estar juntos en tu 78 cumpleaños. Pero otro día del mes de agosto, ya mejorado Carlos Javier, fuimos al polideportivo Bergamonte y allí lo volvimos a celebrar, aunque esta vez no pudo venir Vicentin. Siempre difícil de coincidir todos a la vez.

Hoy hace un año, mi amor, al levantarte y venir a buscarme la cocina, oí tus pasitos por el pasillo y salí a tu encuentro saludándote conmovida, pero feliz por verte. ¡Felicidades “sarset”! te dije para disimular mi emoción, y nos abrazamos estrechamente. Sentí tu cuerpo tibio junto al mío, (siempre tocándote la frente para ver si tenías fiebre) y encontré un cuerpecito flácido y sin fuerzas, sin aquel vigor, todo nervio, que tantas veces me abrazó. Te golpee cariñosamente la espalda, animándote y nos besamos una y mil veces como siempre, mi amor. Aquel fue tu último cumpleaños conmigo. Tus maletas estaban casi listas, pero esta vez emprenderías el viaje tú solo, pocos meses después, aunque nosotros no lo sabíamos.

Esta mañana llovía, estaba muy oscuro. “Empiezan las vacaciones,” pensé, “lloviendo, como siempre”. En el comedor, las maletas no estaban preparadas ni dispuestas para bajarlas al coche, no había nada, ni nadie. La soledad, mi tristeza y mi amargura lo envolvían todo.

 “Hoy, no se hacen las maletas” pensé, ya nunca más se harán.

Con todo mi amor y mi recuerdo a mi amado Vicente, un año después, en su 79 cumpleaños, el primero sin su presencia querida.  Te quiero, tuya siempre CHELO        1 agosto 2015 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

12 AGOSTO 2025

  12 AGOSTO. MI 84 CUMPLEAÑOS     (El corazón de una madre)   Querido Vicente, amor mío: Con la luna redonda y llena sobre el mar, las p...